5 señales de que tú eres la persona tóxica

Ya he escrito anteriormente para este espacio, artículos que tienen que ver con la toxicidad en la pareja y como investigador de estos procesos resultaba imprescindible llegar a la pregunta que abre el tema del día de hoy.

Casi siempre –prácticamente siempre-, cuando una persona acude a sesiones de terapia por estar viviendo una relación (de pareja, familiar o laboral) con tintes de nocividad, la idea que la lleva al sillón del consultorio es la de estar firmemente convencida de que es el otro quien es el miembro tóxico de dicha relación.

He de admitir que en muchos de los casos esto resulta cierto, aunque también cabe aclarar que en una relación nociva ambos participantes tienen su grado de virulencia. Y es precisamente en este punto en que quiero hacer una anotación importante para el tema: la toxicidad del individuo se mide –básicamente-, de acuerdo al grado en que lleva a cabo sus actitudes nocivas hacia los demás.

Desde luego que hay personas que resultan tóxicas para ellas mismas, sin embargo debido a la naturaleza de este artículo, me centraré exclusivamente en las conductas y actitudes que permiten que los demás tomen conciencia de que hay algo en tu personalidad que no les resulta –al menos-, del todo agradable y tienden a evitarte o a confrontar contigo.

¿Qué ocurre cuando somos nosotros la persona tóxica?

En primer lugar debes saber que todos, en algún momento de la vida, hemos resultado tóxicos para otros; la razón de ello es que somos entes individuales y por tanto poseemos diferentes personalidades. Algunas veces nuestra personalidad diferirá bastante de la de otra persona y –si nos aferrarnos a ciertas actitudes-, podemos terminar convirtiéndonos en fuente de displacer constante para ella.

En segundo lugar, la buena noticia es que este tipo de comportamiento puede controlarse. En este sentido, soy un convencido (y esto –admito-, me ha granjeado ciertos enconos con algunos colegas), de que las personas no cambiamos, sino que nos controlamos.

Y este control puede verse como cambio porque algunos individuos son capaces de ejercer el control sobre actitudes no convenientes para ellos y los demás (violencia, infidelidad, celos, etc.) por mucho tiempo, incluso por el resto de su vida. Pero si en algún momento, las circunstancias confluyen, es bastante posible que esa actitud aparezca de nuevo (la teoría del queso gruyere).

Pero la actitud tóxica puede ser controlada y eso es positivo.

Ahora, para acceder a este control es absolutamente necesario dar el primer paso que es reconocer y aceptar que soy una persona tóxica para los demás. Y esta es la parte más difícil porque aquí entra el compañero inseparable de la personalidad nociva: el ego.

El ego –en términos psicológicos-, es la instancia de la psique por medio de la cual, la persona se reconoce a sí misma (Yo) y toma conciencia de su identidad. Esto quiere decir que es lo que nos ayuda a separarnos del resto de las personas, al menos en nuestro interior. Pero también es importante hacer alusión a la utilización coloquial de ego, que se refiere a jactancioso, egoísta y por tanto desagradable.

Entre ambas definiciones y a grandes rasgos, se oculta el corazón del ego inmerso en la personalidad tóxica: la inseguridad.

Por medio del ego, las personas toman conciencia de sí mismas y eso es sumamente importante y beneficioso, pero también puede ocurrir que se convierta en un refugio en el cual el individuo proteja celosamente sus más profundos miedos, quejas e inseguridades. Y créeme que las va a defender a capa y espada. Aquí, cuando ocurre esto, es que se gesta la personalidad tóxica.

La idea subyacente en lo anterior es: “Me ha costado tanto trabajo ocultar los monstruos que me asustan, que bajo ninguna circunstancia permitiré que alguien me los haga traer a la superficie, antes haré lo que sea para que eso no ocurra”.

Y lo hará en contra de quien sea. Si esta persona se da cuenta o tan solo “sospecha” o “siente” que alguien quiere acceder a esa instancia, reaccionará violentamente. Por eso es tan difícil comenzar a dar el primer paso: aceptar que tengo una personalidad tóxica.

Pero supongamos que lo has hecho, que te armaste de coraje, de humildad, de necesidad y decidiste transitar el camino que te llevará a la superación de tu actitud tóxica y que afecta tu entorno. ¿De qué forma puedes establecer que eres una persona con estas características?

¿Cómo identifico si soy una persona tóxica?

Desde luego siempre se presentan señales que nos avisan de la posibilidad de ser una personalidad tendiente a la nocividad. Estos signos los podemos leer con suma facilidad en los demás pero hacerlo en nosotros mismos es otro boleto.

A continuación te daré solamente cinco de estas señales (aunque hay muchas más). Por favor recuerda que estos puntos son referenciales y no determinantes, lo que quiere decir que mientras más señales se presenten en ti, más posibilidades hay de que te digan algo. Si solamente tienes uno, tal vez sólo seas caprichoso o vanidosa.

1. Siento constantemente que la vida es “mala” o “injusta” conmigo

Detrás de esto se oculta el ego antes mencionado, en donde íntimamente tienes la firme creencia de que te mereces sólo lo mejor y nunca los reveses de la vida. Pero olvidas que la vida se trata de subidas o bajadas y que la aceptación y adaptación a unas u otras es lo que nos permite vivirla adecuadamente.

2. Cuando alguien me da una opinión, en automático la impido, la rechazo o me la tomo como agresión

Esta actitud enmascara la seguridad mermada en la persona, lo que quiere decir que tiene que encontrar rápidamente una defensa en contra de lo que siente como un peligro (desde luego sentir le impide pensar), lo que significa, a su vez, que percibe las opiniones del otro como negativas. Y esto se traduce en desvalorización, resentimiento o abierta belicosidad.

3. Cuando alguien tiene éxito soy incapaz de reconocer su mérito

Cuando ocurre que alguien en tu entorno ha logrado obtener algo por lo que seguramente luchó y que le ha costado trabajo, la minimización que haces es algo así como achacarlo a la “suerte” de esa persona. O para ponerlo en dos palabras: sientes envidia. (Esta será una de las más difíciles de aceptar y asumir).

4. Establecerte en el papel de víctima

Básicamente este punto se resume en algo como: “Sé totalmente quien tiene la culpa de mis problemas y ése no soy yo”. Siempre es el otro el que por alguna razón afecta tu propia vida. La víctima es incapaz de pararse en la responsabilidad de sus propias acciones, porque desde luego es mucho más fácil encontrar excusas o culpables externos.

5. Llegar a las agresiones verbales y/o físicas

A ver, trataré de ser lo más claro posible al decirte que esta es la señal número uno de que estás desplegando una toxicidad y virulencia letal. El primer y máximo derecho inalienable de cualquier ser humano, es el derecho a mantener su propia integridad (física, mental, emocional), a buen resguardo. Cuando alguien, en este caso tú, rompe o violenta ese principio, es que algo va terriblemente pervertido.

Una vez más: usa tu sentido común al decidir si estos puntos realmente se adecuan a tu situación. Es muy importante que si ha sido así, tomes cartas en el asunto, porque si has podido en base a este rápido ejercicio notarlos, casi con seguridad los demás a tu alrededor lo perciben también.

¿Te has preguntado por qué tus relaciones fracasan? ¿Por qué la gente no se la pasa bien contigo? ¿Por qué tiendes a terminar en conflicto con los demás? ¿Por qué no estás siendo feliz? Bueno, tal vez esto te acerque un poco a las respuestas.

Mi recomendación es que busques ayuda profesional para que puedas ser guiado en el trabajo que requiere salir de este tipo de actitudes. Recuerda que si ya decidiste aceptar y asumir que puedes tener una personalidad nociva es momento de hacer algo al respecto en concreto y en acciones. Deja de buscar excusas. Y si no quieres reconocerlo o salir de ello, al menos al leer este artículo tendrás un motivo más para mantenerte en lo mismo. Hasta la próxima.

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